Al otro lado de la habitación, Stallone estaba cerca de la ventana mirando el camino de entrada.

Sus dos guardaespaldas esperaban cerca de la entrada.

Uno de ellos habló en voz baja.

“¿Queréis que investiguemos el teléfono?”

Stallone permaneció en silencio un momento.

“No.”

El guardaespaldas parecía sorprendido.

“¿Por qué?”

“Porque si hay algo ahí, ella misma lo revelará.”

Miró de nuevo a Lily.

“La gente protege los secretos de forma diferente.”

“¿Cómo?”

“Algunos los esconden.”

Se detuvo.

“Algunos atacan a cualquiera que se acerque.”

Fuera, las puertas de la mansión permanecían abiertas.

Un pequeño detalle que nadie notó.

Excepto Stallone.

Porque por primera vez en muchos años, no estaba seguro de si la persona dentro de la casa era la que necesitaba protección.

O de la que todos necesitaban protección.

Porque por primera vez en muchos años, no estaba seguro de si la persona dentro de la casa era la que necesitaba protección.

Oder gegen die jeder Schutz brauchte.

Dieser Gedanke begleitete Stallone die ganze Nacht, allein im Büro, einem Zimmer, das drei Generationen der Familie gehört hatte und das er auf eine Weise immer noch das Gefühl hatte, niemand wirklich zu besitzen.

Die Regale waren gefüllt mit alten Fotografien, juristischen Dokumenten und Auszeichnungen, die Jahrzehnte voller Siege repräsentierten, an die sich die Menschen leichter erinnerten als an die damit verbundenen Opfer.

Ein Feuer brannte lautlos im Kamin, trotz des guten Wetters.

Stallone mochte die kalte Stille leerer Räume nie.

Aber ich hatte genug Jahre von Menschen umgeben, die nur sprachen, wenn sie etwas wollten, um die Stille sicherer zu machen.