Richard miró a la niña sentada allí, con el pelo despeinado por el sueño y el conejo sin un botón de ojo.
Quería decirle que estaba enfadado.
Quería decirle que tenía miedo.
Quería decirle que a veces los adultos crean tormentas y luego se sorprenden cuando los niños se mojan.
En su lugar, le sirvió un vaso de zumo.